A medida que crece el interés por la nutrición de origen vegetal, los investigadores buscan alternativas a las fuentes tradicionales de proteína para encontrar ingredientes que ofrezcan algo más que nutrición básica. Una planta que está despertando gran interés es el sacha inchi, una semilla amazónica conocida por su contenido de grasas saludables y proteína.1 Investigaciones recientes sugieren que la proteína de sacha inchi también puede contener compuestos naturales capaces de aportar beneficios adicionales para la salud.
Estudio
En un estudio publicado en 2024, los investigadores analizaron si la proteína de sacha inchi podía transformarse en un ingrediente funcional mediante un proceso llamado hidrólisis. Este proceso descompone las proteínas en fragmentos más pequeños conocidos como péptidos, que son cadenas cortas de aminoácidos con posible actividad biológica.
Los investigadores produjeron varios hidrolizados de proteína a partir de semillas de sacha inchi provenientes de Perú y evaluaron su calidad proteica, digestibilidad, actividad antioxidante y efectos sobre células inmunitarias en experimentos de laboratorio. Posteriormente, seleccionaron el hidrolizado que mostró la mayor actividad antioxidante para realizar pruebas adicionales.
Resultados
El estudio encontró que el hidrolizado de proteína de sacha inchi era altamente digerible y contenía pequeños péptidos con una importante actividad antioxidante.
Cuando se evaluó en células inmunitarias cultivadas, el hidrolizado seleccionado también redujo los niveles de TNF-α, un marcador asociado con la inflamación. Al mismo tiempo, aumentó los niveles de IL-10 e IL-4, compuestos involucrados en la regulación de la respuesta inmunitaria.
¿Qué significa esto?
Estos hallazgos sugieren que la proteína de sacha inchi, como ingrediente funcional, podría ofrecer beneficios que van más allá de aportar proteínas. El proceso de hidrólisis produjo péptidos que mostraron potencial antioxidante y antiinflamatorio, lo que indica posibles aplicaciones en alimentos funcionales y productos nutricionales.
Sin embargo, es importante recordar que esta investigación se realizó en condiciones de laboratorio y no en seres humanos. Se necesitan más estudios clínicos antes de que puedan confirmarse efectos específicos sobre la salud.
Otras plantas que también han mostrado potencial como fuentes de péptidos bioactivos incluyen el amaranto, la quinoa, la chía, el cáñamo y la soya.